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Al crear “Un viaje a la luna en invierno”. No solo quería escribir una novela de ficción; quería crear una herramienta, un puente para que padres e hijos encuentren un punto de encuentro y sanen heridas del pasado.
Por Ronald Mito – Creador e Ilustrador en Punartz
Si tienes un hijo adolescente en casa, es muy probable que conozcas “el muro”. Ese momento en el que las conversaciones largas se convierten en monosílabos, las puertas de las habitaciones se cierran y un simple “¿Cómo te fue hoy?” recibe un seco “Bien” por respuesta.
Como ilustrador y autor, he pasado años observando cómo nos relacionamos. Cuando comencé a escribir mi novela gráfica Un viaje a la luna en invierno, mi investigación me llevó a una conclusión dolorosa: muchos jóvenes se sienten invisibles en sus propias casas, no por falta de amor, sino por falta de un lenguaje común con sus padres.
Afortunadamente, descubrí que donde las palabras fallan, el arte construye puentes. Aquí te comparto 3 formas en las que el arte (ya sea dibujar, colorear o leer juntos) puede ayudarte a recuperar la conexión con tu hijo.
Los adolescentes odian sentirse interrogados. Cuando se sientan a dibujar, a pintar o a leer una novela gráfica, su guardia baja. El arte permite expresar la melancolía, el estrés o la alegría a través de colores oscuros, trazos fuertes o historias con las que se identifican, sin la presión de tener que explicar verbalmente “qué les pasa”.
¿Has notado que las mejores conversaciones ocurren en el auto, cuando nadie se está mirando directamente a los ojos? El arte logra el mismo efecto. Sentarse en la misma mesa a colorear un libro o hacer bocetos crea un “tiempo muerto” compartido. Al estar concentrados en el papel, la presión visual desaparece y, de repente, de forma natural, tu hijo podría empezar a contarte sobre su día.
A veces, los jóvenes no saben cómo explicar su propio dolor. Leer una historia sobre un personaje que atraviesa soledad, abandono o se siente ignorado, les da las palabras que les faltaban. Es mucho más fácil para un joven decir: “Me siento un poco como el niño de este libro”, que decir directamente “Siento que no me prestas atención”. El arte les da un escudo seguro para ser vulnerables.
Esa fue exactamente mi misión al crear “Un viaje a la luna en invierno”. No solo quería escribir una novela de ficción; quería crear una herramienta, un puente para que padres e hijos encuentren un punto de encuentro y sanen heridas del pasado.
El viaje de esta niña huérfana y este niño ignorado está a punto de comenzar.
Si sientes que en casa hace falta este puente, te invito a regalar (o regalarse) esta historia.